domingo, 3 de enero de 2010

Soborno indie sentimental

¿Cómo no me voy a enamorar de una chica que tiene discos de Big Star, luce camisetas de Lou Reed y Hüsker Dü y hasta te pone a estos últimos a todo trapo la primera vez que subes a su coche?

Y si no puede ser de esta, de la otra: la que identifica canciones de los Smiths al vuelo y adopta citas de Belle And Sebastian como lema vital.

La primera es el personaje de Kristen Stewart en "Adventureland" y la segunda, Zooey Deschanel, protagonista femenina de "(500) días juntos". Estas dos mujeres, el sueño hecho realidad de todo indie, consiguen que tanto los protagonistas como los espectadores (masculinos: ambas películas parecen comedias románticas destinadas a los tíos) se queden colgados de ellas porque están muy buenas, sí, pero básicamente por los referentes alternativos que manejan (¿o es al revés?).



Ahí es donde me entran las dudas. Porque me doy perfecta cuenta de que tanto un filme como el otro me están sobornando con la carta de la empatía musical. Me siento igual que los chicos protagonistas de la película respecto a los dos personajes femeninos: ellos creen que por compartir afinidades culturales-musicales con ellas están ante la mujer de su vida (y en realidad no saben nada de ellas); y a mí me guiñan el ojito con The Replacements en una banda sonora y ya elevo a la categoría de filme de culto, como poco, la peli.

Si no comparto la reivindicación nostálgica de John Hughes porque me parece más una idealización de los recuerdos cinematográficos de la edad púber que una valoración real, sí abofetearía a todo personaje del fenotipo Antoine Doinel por su victimismo pusilánime, ¿por qué disculpo estas taras en "Adventureland" y "(500) días juntos"? O, ampliando dudas, ¿me parece "Control" diferente simplemente por tratarse de Ian Curtis cuando no es tan distinto de los biopics habituales? ¿Me emociona "School of Rock" porque he conocido a muchos Jack Black en mi vida? Claramente estoy cometiendo delito de cohecho. Soy plenamente consciente. Pero no puedo evitarlo.


(Joan Pons. Rockdelux nº 280, pág. 11)

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